CULTURA

Se reeditan tres libros en uno del poeta Leónidas Lamborghini: entre el horror y la risa

Lamborghini fue un militante peronista, que nunca ocultó su ideología y pertenencia, ni en su opinión pública ni en su poética.

Los poemarios “Mirad hacia Domsaar”, “La risa canalla” y “Encontrados en la basura”, de Leónidas Lamborghini, aparecen publicados en un solo volumen para dar a conocer a las nuevas generaciones lectoras al poeta que apoyaba el oído en la época, escuchaba sus ritmos, su incertidumbre, su perplejidad y sometía el poema a la comicidad y la tragedia de la historia propia y colectiva.

Publicados en orden cronológicos entre 2003 y 2006, los tres libros del poeta nacido en Buenos Aires en 1927 acaban de ser reeditados por la editorial Paradiso. Los tres tienen como lugar común el recorrido por las ruinas de una Argentina posterior a la crisis del 2001. Ahí aparecen, por ejemplo, las figuras de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, incluso al propio Pijg, “el gigantón, que agoniza, que se nos / muere, que se nos va y no se nos va” del extenso poema “Mirad hacia Domsaar”.

Los poemarios están cruzados por esa ironía lamborghiana de sus anteriores libros que ya aparece en el “Saboteador arrepentido”, publicado en 1955, con un recorrido frenético, dantesco, como en sus libros “Las patas en las fuentes” de 1965 y el “Odiseo Confinado” escrito entre 1989 y 1991, en el derrotero de los últimos años del exilio mexicano y el regreso a Buenos Aires.

Lamborghini fue un militante peronista, que nunca ocultó su ideología y pertenencia, ni en su opinión pública ni en su poética. Estos tres libros no son ajenos a ese linaje. Un autor que no se traiciona, ni avisa la traición, siempre se encuentra en la búsqueda de una “epopeya de la identidad” apropiándose y distorsionando relatos y creaciones populares que representan a colectivos militantes.

En el extenso poema “Mirad hacia Domsaar”, Lamborghini dirige la mirada del lector a un paisaje desolado y ruinoso. El protagonista hace un viaje a través de un desierto calcinado iluminado por un sol parpadeante, que modula su ardor, que pareciera apagarse por momentos y luego alumbrar con mayor intensidad. Los signos de Pijg (un nombre cargado de significado para un lector argentino) están sincronizados con el paisaje. El viajero que atraviesa en la camilla en la que morirá, un camino que improvisa mientras avanza, acompañado de su esposa y de su amante. Esas mujeres van del odio al amor, en un ritual que lleva años. Los signos vitales de Pijg son controlados como en un hospital ambulante por monitores.

La alegoría es el centro de su poética. Tanto en “Mirad hacia Domsaar”, como en los poemas recortados sobre noticias y personajes que forman parte de “La risa canalla” y “Encontrados en la basura”, no solo “hablan la contingencia y la experiencia del tiempo” como señala el prólogo del libro, sino que el significado simbólico ocupa el centro de los libros. Si se puede decir que la alegoría es el tópico de su obra en general, en estos tres es una característica central.

“Domsaar”, un nombre que modificó el poeta de un referente geográfico bonaerense, lo convierte sacándole algunas consonantes y transformándolo en un lugar polvoriento en el que las personas se vuelven estatuas que han sido derribadas en un pasado remoto.

Ese espacio hacia el que el lector debe mirar (a pedido del yo poético) es un desierto, un espacio post apocalíptico. Los habitantes luego de una enorme catástrofe lo han abandonado. Un grupo de sobrevivientes lo atraviesan obligados por la inminente muerte de Pijg. Es este derrotero entre la vida y la muerte que trama la estructura del poema.

Como si fuesen personajes de Leopoldo Marechal, la Camilla con ruedas a rulemanes, Pijg el gigantón, su mujer Mata, la enfermera Betty, el pájaro Pájero, el buey no emasculado han iniciado el viaje. Pero por momentos se detienen. Aun resisten algunas calles y casas. El herrero es el único habitante del lugar que mira el desfile “con su grueso delantal de cuero negro / (imitación cuerina) con su maza de hierro forjado / (imitación fierro) con su anillo de oro (imitación oro / falso). / Mirad / su calva / enrojecida / incandescente / como recién salida del horno ciclópeo, sol de / Domsaar (imitación brasa de fragua).”

Pijg es un personaje alegórico. Fogwill sostenía que era el propio “Leónidas, el último poeta del peronismo”. Otros críticos (y lectores) reconocen en esa figura bestial, con rasgos demasiado humanos que agoniza, al propio líder Juan Domingo Perón. Tanto la esposa y la amante de Pigj lamentan el fin de su virilidad. Domsaar, como metáfora de la Argentina, es un lugar desértico, apocalíptico.

La investigadora y poeta Ana Porrúa, quien estudió en profundidad la “máquina lamborghiniana”, en el libro “Variaciones vanguardistas” ya veía en el poeta en relación con la poética sesentista, como funcionaba como un laboratorio en el que se pone a prueba permanentemente la resistencia de los nuevos materiales dónde “el discurso peronista sigue siendo tal, o hasta dónde la oralidad, lo que dicen sus personajes, mantiene una huella”. El trabajo y la manipulación sobre la tradición literaria es lo que convierte a Lamborghini en un vanguardista.

En estos tres libros, Lamborghini está atento a la paradoja política que provoca o fuerza el cambio, pero también es consciente (he aquí lo paradójico) de la imposibilidad de esa ruptura. En sus libros “La risa canalla” y “Encontrados en la basura” busca lo poético en los intersticios de la escritura y “apoya el oído”, como el baqueano en el suelo para escuchar el galope de caballos con o sin jinetes, sobre el tiempo que está viviendo.

“La risa canalla (o la moral del bufón)” está compuesto en tercetos dantescos pero sin rima y narra la actualidad de los noticieros. En este poemario deambulan como en la vidriera de un cambalache: suicidas ingeniosos, travestis (las nuevas Tiresias), secuestradores, un onanista exhibicionista, Lorena Bobbit, el caníbal de Rotenburgo, Berlusconi, el Papa, Walter Benjamin, Ungaretti, Santillán y Kosteki. En este libro no abandona la tradición ni su poética, aparece el imaginario peronista: “En una cuna de la Casa Cuna, / NN, aquí estoy esperando: / he aumentado de peso, como bien, / muy feliz de la vida según dicen”.

Para Lamborghini el poeta es una especie de Prometeo que le roba la palabra al silencio. Y eso tiene un precio, esa palabra le quema, o puede llegar a quemarlo. “Le cuesta a veces toda una vida arrebatarle al silencio esa palabra por la que el poeta apuesta”, dijo a Página/12 en 2006, cuando se publicó por primera vez “Encontrados en la basura”.

Este libro -el tercero dentro del volumen publicado por Paradiso- se puede resumir con el epígrafe de Beaumarchais: “Lo que es demasiado estúpido para decir, / se puede cantar”. Está dividido en tres partes. La primera se llama “Cancionero del pillo” y es donde se describe en el poema “Lewis Carroll” gran parte de la propuesta poética del poeta: “Ver el horror / en lo cómico / y lo cómico / en el horror. / Ese es el juego”.

La segunda parte de “Encontrados en la basura” tiene un ritmo trepidante. Se llama “Quarks”, esos elementos que se combinan de manera específica para formar partículas subatómicas tales como protones y neutrones. Esta idea de diminuto y velocidad recorre toda esta parte. Describe poéticamente un desfile, la cara de Dios, la llegada del amor, el tenis, un submarino, palomas (“los tortolitos”) y a “Francesca e Paolo”: “Más boluda / que una paloma, / enlazada / a más boludo / que un palomo.” La propuesta de cruzar la “alta” cultura con la “baja” está logrado en todo el libro. En su forma y en el fondo.

La última parte es “Liras del hondón”, la más lograda en este cruce. Quevedo es representado frente al espejo como un boludo: “míratelas son, sí, tus tristes bolas”, la pequeña cámara Dante: “Microcámara adentro / de la vagina de la hembra aquella, / descendida a ese centro / donde lo áspero sella / con su fragancia, el jardín de la bella”. También aparece el Minotauro en un café porteño, el “Orlando” de Virginia Woolf y una enana que recuerda a “Amor constante, más allá de la muerte” de Quevedo en los versos: “¡Ay!, cuando al final perezca, / ¿oirás cómo zumban / de amor por ti, los gusanos en mi tumba?”.

Tres libros en uno, como las propuestas de los vendedores ambulantes. Esta nueva edición de los poemarios de Leónidas Lamborghini sirve para rescatar a un autor que desde que murió el 13 de noviembre de 2009 no se publica con la frecuencia que el lector se merece. Siempre actual: solicitado y descolocado, un poeta que hace del horror risa, a lo popular culto y a la cultura popular. Un libro maravilloso.

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